Cuando vemos un árbol meciéndose al viento, regalando vida y sombra, ¿recordará que alguna vez fue una semilla insignificante que pudo haberse perdido en la basura del mundo? Sin embargo, esa semilla cayó en tierra fértil, recibió agua y clima benigno y creció. Esa semilla, además, recibió estrés, tormentas y retos que crearon un árbol más fuerte. Y el potencial de la semilla, junto con el agua y el estrés del medio ambiente, coincidieron en un punto y brotó. Esto es un milagro, puesto que muchas semillas no se logran. Nuestra vida humana es así. Somos como la semilla que trae el árbol en su diseño, pero que de igual manera puede perderse en la basura del mundo. Los seres humanos nacemos con potencial existencial, y podemos encontrar pistas de este potencial en nuestros talentos naturales, nuestros intereses y pasiones, y cuando soñamos despiertos.
El cuerpo humano es un sistema donde el orden y la estructura emergen de las interacciones entre sus componentes, sin un controlador central que dirija cada parte. Y ese sistema es autoorganizado durante todo el ciclo de vida humano. ¿O quién les dice a unas células pequeñas que se autoorganicen para formar un ser humano? Un hecho que no solo es fascinante sino también misterioso. ¿Y si nuestra biología es autoorganizada, por qué no nuestra trayectoria por el mundo? No estoy hablando de que nacemos con un destino ya decidido, sino que nacemos con un potencial y que, si estamos psicológicamente sanos y conectados con nosotros mismos, tenemos un sentido de nuestro propósito y nos embarcamos a vivir nuestra vida como la gran aventura que potencialmente puede ser. Hoy día es importante meditar sobre nuestra naturaleza humana y el significado de nuestras vidas, puesto que ha llegado una tecnología, la inteligencia artificial, que nos dicen puede reemplazar al ser humano y que es mejor que éste. Y, aunque esto es mercadotecnia y engaño, es importante que estemos centrados en nuestra dignidad humana y nuestro valor. Así podremos identificar las voces maquiavélicas que quieren controlarnos, esclavizarnos y explotarnos. Es un cuento antiguo con cara moderna, pero no menos peligroso que los grandes procesos que ha vivido la humanidad a través de su historia. Necesitamos riqueza intelectual, psicológica y espiritual para afirmar nuestro valor, nuestro derecho a fijar el rumbo de nuestras vidas y nuestro derecho a decidir sobre tecnologías emergentes que afectan profundamente la calidad de vida del ser humano a nivel global.
Lo primero que tenemos que resolver, para afirmar nuestra dignidad, es saber si nuestras vidas tienen un propósito o si existimos al azar. Meditar sobre esta pregunta es de vital importancia para cada uno de nosotros puesto que, si nuestra existencia no tiene un propósito, nuestra vida da igual. Examinemos pues algunas opiniones de psicólogos y filósofos sobre el tema. David Richo, en su libro Shadow Dance, afirma que el ser humano nace con un propósito y que, además, nace con los talentos necesarios para lograr ese propósito (Richo, 1999). Por ejemplo, un niño sueña con ser luchador y, además, físicamente tiene estatura, peso, facilidad motriz y agilidad. Curiosamente, tiene los talentos naturales que, bien cultivados, pudieran llevarlo a vivir su sueño o propósito. Es decir, nace con potencial. Pero la vida, tan dura como siempre, exige que ese niño se conecte y luego se comprometa consigo mismo, a veces hasta el punto de rechazar los consejos de sus padres y demás adultos en su vida, y se concentre en cultivar los talentos que lo llevarán a cumplir su propósito. Y, aunque los adultos “aconsejen” por el bien del niño, muchas veces lo desvían de su propósito. Pero, continuemos. Richo alega que aquellas personas que nacen para fines más intelectuales tienen por lo general un desarrollo físico débil o insignificante comparado con su desarrollo cerebral. El caso extremo de esto es Stephen Hawking. Richo basa muchas de sus aserciones en el trabajo de Carl G. Jung, fundador de la psicología analítica y gran pensador de la naturaleza humana. Es importante mencionar a Joseph Campbell y su libro clásico, El héroe de las mil caras, en donde escribe que, una vez que el individuo (a quien llama héroe) se ha comprometido con su destino, llega la “ayuda sobrenatural”. Campbell describe cómo, una vez que el héroe se compromete con la aventura, aparecen figuras protectoras para ayudar, a menudo un anciano o una anciana, o algún arquetipo de guía o mentor, que ofrece amuletos, consejos o asistencia mágica para las pruebas que le esperan (Campbell, 1949).
Por otro lado, Aristóteles utilizó la metáfora de la semilla, que llamó entelequia, para nombrar la fuerza que lleva a cada ser a realizar aquello que ya es potencial. Una bellota no elige convertirse en encino: lo contiene desde el principio y solo necesita condiciones adecuadas. Aristóteles extendió esa idea a la vida humana con el concepto de eudaimonía, que suele traducirse mal como felicidad, pero significa algo más exigente: el florecimiento que ocurre cuando alguien ejerce plenamente aquello para lo que está hecho. Bajo esta mirada, el propósito no se inventa. Se descubre y se cultiva.
El propósito no se inventa.
Se descubre y se cultiva.
Pero conviene escuchar una voz que discrepa. Viktor Frankl, psiquiatra vienés y sobreviviente de los campos de concentración nazis, fundó la logoterapia sobre una premisa distinta. Para Frankl, el sentido no está guardado dentro de la persona esperando ser desenterrado: está afuera, en el mundo, esperando una respuesta. No preguntamos qué queremos de la vida; la vida nos pregunta a nosotros, y respondemos con lo que hacemos. Un propósito, en su lectura, no es una semilla interior sino una tarea concreta que alguien tiene delante y que nadie más puede cumplir por él.
Jean-Paul Sartre, el padre del existencialismo, aseveró lo opuesto. El existencialismo es una corriente filosófica que postula que la existencia precede a la esencia, lo que significa que el ser humano nace sin un propósito predeterminado y debe definir su propio significado a través de sus elecciones y acciones (Encyclopædia Britannica, s. f.). Yo considero que este tipo de pensamiento de algunos filósofos como Jean-Paul Sartre, Friedrich Nietzsche y Jacques Monod ha sido responsable del gran vacío, desorientación y descontento de la humanidad. Si bien es cierto que las grandes religiones ofrecen respuestas a estos temas y todos tenemos la libertad de explorarlas.
Lo que sí es importante comprender es que cada uno de nosotros tiene la responsabilidad, más que nunca, de encontrar el propósito de su vida, o arriesgarse a que los nuevos mercaderes de la tecnología nos digan que la vida humana ya no vale tanto como su tecnología. ¿Y cómo nos defendemos si no hemos pensado en esto? Consideremos: si la semilla del roble produce una y otra vez un árbol suntuoso, si tiene un potencial imperceptible pero que frecuentemente llega a su debido florecimiento, ¿por qué los humanos, si somos parte de la misma naturaleza, habremos de ser diferentes al roble? Yo asevero que todo ser humano nace con un propósito, y tiene que ocuparse en descubrir cuál es y potencializarlo.
REFERENCIAS
Aristóteles. (2014). Ética a Nicómaco (J. Pallí Bonet, Trad.). Gredos. (Obra original publicada ca. 350 a. C.)
Campbell, J. (1949). The hero with a thousand faces. Pantheon Books.
Encyclopædia Britannica. (s. f.). Existentialism. En Encyclopædia Britannica. https://www.britannica.com/topic/existentialism
Frankl, V. E. (2015). El hombre en busca de sentido (C. Cavanillas de Blas, Trad.). Herder. (Obra original publicada en 1946)
Jung, C. G. (2009). Arquetipos e inconsciente colectivo (M. Murmis, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1959)
Richo, D. (1999). Shadow dance: Liberating the power and creativity of your dark side. Shambhala.
Sartre, J.-P. (2009). El existencialismo es un humanismo (V. Prati de Fernández, Trad.). Edhasa. (Obra original publicada en 1946)